
Las crisis económicas de nuestro país son graciosas y sonadas, y hubo épocas en que los banqueros de toda europa miraban las finanzas públicas españolas con esa misma pena de asco y pena con la que se mira a un leproso. Los bonos del tesoro español les escocían en las manos...
Convertirse en el país con más kilómetros de alta velocidad del mundo no es nada comparable a sostener al mismo tiempo una guerra contra Inglaterra, otra contra Francia, otra contra los Países Bajos y otra contra el Imperio Turco al mismo tiempo, y claro: había que endeudarse. La gran cantidad de pasta que entraba por un lado se iba rápidamente en pagar los crecientes intereses y la situación se hizo insostenible: en 1575 Felipe II declaró suspensión de pagos. Igualito que Martinsa-Fadesa, solo que la empresa era todo el Estado. ¿Fuerte, verdad? Toda Europa se estremeció. (Algo así como si EEUU hoy se declara insolvente y corta todos sus pagos e inversiones).
En 1607 el lastimoso Estado se declara otra vez en bancarrota, y de nuevo se ve obligado a entramparse aún más en 1611. Un agujero sin salida, y cada vez más hondo, se cernía sobre nuestros tátara-tátara... abuelos. Para salir de cada hoyo, aumentábamos la deuda a cambio de ampliar los plazos de pago.
Con la llegada de los borbones, los economistas más cool en paro de toda Francia vinieron a aposentarse aquí, lo que provocó reformas positivas, aunque será crónico el endeudamiento masivo del Estado, el ahogo del sector privado y la actuación patética a nivel europeo de nuestra economía.
Una muy gorda fue la del petróleo de los años 70. De esa sí se acuerdan muchos. La deuda externa de España subió a 12000 mill. de dólares. La noche electoral de 1977, la de la nuestras primeras elecciones democráticas, la inflación era de un 26%. Aishh, es que ya por entonces usábamos petróleo, pero no lo producíamos.... Unos meses después, en el momento de firmar los famosos Pactos de la Moncloa, la inflación era del 47%.

Hay algunos que cuando piden mayores inversiones del Estado para mitigar la crisis, todavía se imaginan que se pueden imprimir billetes por la cara. Como decían hoy en Onda Cero sin exagerar ni un pelo: la peor crisis de nuestra historia.